Científicos de la FCFM analizan evolución del volcán Chaitén

8 de Mayo de 2008

Fotos: abc.es




Durante la última semana geólogos y geofísicos de la Facultad han tenido un rol protagónico en el análisis de la erupción del Chaitén. Los académicos han participado en el desarrollo de la información con diversas entrevistas, columnas de opinión y recientemente a través de un estudio que indica la concentración del total de partículas emanadas por el fenómeno natural.

Geofísicos Pronostican dispersión de las cenizas del volcán Chaitén

Con el objetivo de dar a conocer la posición más probable de la nube de cenizas emanada desde el Volcán Chaitén (42.83S, 72.6W) durante las próximas 48 horas, los investigadores del Departamento de Geofísica de la Facultad de Cs. Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, René Garreaud, Mark Falvey y Rodrigo Sánchez iniciaron el estudio que indica la concentración del total de partículas a 6.1 km y 10.6 km sobre el nivel del mar.

Los científicos realizan el cálculo empleando los vientos pronosticados por el modelo GFS y un algoritmo de dispersión y transporte denominado HYSPLIT desarrollado en Estados Unidos. El modelo describe el movimiento de las partículas a considerable altura sobre la superficie, por lo que NO constituye un pronóstico de acumulación sobre el suelo.

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Prevención y reacción: Chile, donde la tierra ruge

El académico de Geología Gabriel Vargas junto al experto en volcanología Alfredo Lahsen publicaron una columna de opinión en el diario La Tercera sobre la necesidad de aumentar el conocimiento científico en estas áreas de investigación.

“A un año de la crisis sísmica de Aysén, la erupción violenta del volcán Chaitén ha vuelto a poner en el tapete la naturaleza extrema de nuestro país y, sin duda, la necesidad de contar con un mayor conocimiento científico de base, que permita prevenir los efectos de los procesos geológicos catastróficos, tan comunes en nuestro territorio. En efecto, no deberíamos olvidar que en las últimas dos décadas varias erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis y aluviones han ocurrido a lo largo de nuestro país. La erupción del volcán Hudson en Aysén en 1991, las erupciones de los volcanes Láscar, Villarrica y Llaima, los aluviones de Antofagasta en 1991 y del sector oriente de Santiago en 1993, los terremotos de Antofagasta, Chusmiza, Punitaqui, Tarapacá y Tocopilla entre 1995 y 2007, y el último evento sísmico de Aysén son sólo algunos ejemplos. Si bien la mayoría de estos procesos resultan impredecibles, sus impactos en la mayor parte de los casos podrían haber sido advertidos con un nivel de conocimiento geológico apropiado y la elaboración de planes de mitigación oportunamente desarrollados.

El despertar abrupto del volcán Chaitén nos ha dejado de manifiesto que una decidida y ordenada reacción por parte del gobierno es crucial en el manejo de la crisis. Sin embargo, la falta de conocimiento de este volcán y de un monitoreo oportuno, ha mostrado falencias comunes en otros eventos geológicos recientes ocurridos en el país, caracterizados por el desconocimiento inicial o la falta de certeza por parte de la población, respecto de los efectos. Aunque la ciencia aún no permite predecir con antelación las erupciones volcánicas como la del Chaitén, sí es posible anticipar los posibles escenarios eruptivos y los efectos sobre la sociedad y el medio ambiente.

La historia nos muestra que la capacidad de anticipar catástrofes geológicas debe ser un pilar fundamental en el desarrollo de las sociedades. La destrucción completa de la ciudad de Pompeya por flujos piroclásticos (nubes ardientes de gas y fragmentos de magma que viajan a grandes velocidades y a alta temperatura), ocasionados por la erupción del Monte Vesuvio en Nápoles durante el Siglo I de la era Cristiana, y más recientemente la destrucción del poblado de Armero por lahares (aluviones volcánicos) durante la erupción del volcán Nevado del Ruiz en Colombia en 1985, constituyen sólo dos ejemplos de lo necesario y vigente de esta última premisa.

La falta de conocimiento geológico de base de nuestro territorio, aún no cubierto en su totalidad a escalas de suficiente detalle (1:50.000 o 1:100.000), podría constituir a corto y mediano plazo un escollo en el camino al desarrollo sustentable de nuestra nación. En efecto, la resolución de problemas energéticos, de disponibilidad de recursos hídricos, de riesgos geológicos y de administración y uso adecuado del suelo en general, pasa por un impulso a la investigación básica y aplicada en Ciencias de la Tierra que incremente el conocimiento científico y propenda la búsqueda de soluciones tecnológicas, económicas y socialmente eficientes a estos problemas. Si Chile quiere avanzar sostenida y definitivamente al desarrollo, su caminar debe ser sólido y esto implica que debe hacerse cargo de la naturaleza extrema en que se sitúa, privilegiando la prevención por sobre la mera reacción ante catástrofes naturales. Esto implica, además, que la población debe ser educada en forma continua respecto de la situación geológica de nuestro territorio, en el “Cinturón de Fuego del Pacífico”, así como de los efectos esperables ante eventos catastróficos de la naturaleza.”

Gabriel Vargas Easton, Doctor en Geología de la Universidad de Chile
Alfredo Lahsen- geólogo de la U. de Chile y experto en volcanología

Columna publicada el 08 de mayo de 2008 en La Tercera

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