FCFM debate sobre escenario energético en Chile

24 de Marzo de 2011

Prof. Diego Morata


Prof. Ronald Fischer

Los académicos Diego Morata, Director del Centro de Excelencia en Geotermia de los Andes, CEGA, y Ronald Fischer, del Departamento Ingeniería Industrial entregan nuevas visiones y aportes al debate sobre la matriz energética de Chile y el uso de energía nuclear en el país.

Columna Profesor Diego Morata

Ph.D. Director del “Centro de Excelencia en Geotermia de los Andes, CEGA. Departamento de Geología, Universidad de Chile

El terremoto y posterior tsunami ocurrido recientemente en Japón ha vuelto a poner a las Ciencias de la Tierra en el centro de numerosas opiniones publicadas en diferentes medios de comunicación. Por otro lado, la emergencia nuclear que hoy día está viviendo Japón ha renovado el debate sobre la factibilidad de que, en un futuro inmediato, Chile pueda instalar en su territorio una central nuclear, a fin de poder suplir la necesidad energética que, como país, se plantea para los próximos años. En estos días se han oído opiniones a favor y en contra de la energía nuclear en Chile, pero poco se ha mencionado sobre la necesidad que tiene el país de explorar otras fuentes energéticas no convencionales. El actual Gobierno de Chile apostó a que en el año 2020, un 20% de la matriz energética de Chile esté alimentada por recursos energéticos renovables no convencionales. Sin lugar a dudas, la singularidad geográfica y climática de Chile permite vislumbrar que las energías solar y eólica podrían aportar a la diversificación energética. Pero hay otra fuente de energía renovable no convencional en la que Chile presenta un panorama excepcional: la energía geotérmica.

Chile está emplazado en la Cordillera de los Andes, la mayor cadena volcánica de la Tierra, con presencia de cientos de volcanes y numerosas manifestaciones termales. De hecho, se estima que un 20% de los volcanes continentales activos están ubicados en el territorio chileno. El calor natural de la Tierra es una fuente de energía inagotable que puede ser captada y usada con una mínima emisión de gases con efecto invernadero. La energía geotérmica normalmente se obtiene en áreas con alto gradiente geotérmico debido a la presencia de magma cerca de la superficie. Por esta razón, el gradiente geotérmico en nuestro territorio (es decir, el aumento de la temperatura a medida que profundizamos al interior de la Tierra) es alto y, en muchos sectores, anormalmente elevado, lo que favorecería encontrar reservorios de aguas geotermales a relativa poca profundidad y hacerlos, por lo tanto, económicamente rentables.

Curiosamente Chile fue un país pionero en desarrollar estudios sobre el potencial geotérmico, y ya en los años 60 y 70 académicos del Departamento de Geología de la Universidad de Chile apuntaban al alto potencial geotérmico presente en el país. Sin embargo, a pesar de esos promisorios estudios preliminares, hasta la fecha la alta anomalía geotermal existente en Chile se utiliza, casi exclusivamente, para fines recreacionales. No obstante, esta situación está próxima a cambiar, ya que en la actualidad varias empresas privadas están realizando intensas campañas de exploración geológica-geotérmica en diferentes partes del país con miras a comenzar en un futuro inmediato el proceso de explotación. El potencial geotérmico de Chile es muy alto. Algunos estudios preliminares apuntan a cifras del orden de los 16,000 MW es decir, Chile podría disponer de una importante fuente renovable de energía y amigable con el medio ambiente.

¿Qué es lo que se necesita para que la geotermia sea una realidad en Chile?. Sin lugar a dudas, un fuerte desarrollo de la investigación en el ámbito de las Ciencias de la Tierra y, en particular, de la Geología y Geofísica. Chile debe mirar a países como Nueva Zelanda, que posee un marco geológico comparable al de Chile, con una cadena volcánica activa importante, y con un desarrollo de la energía geotérmica que supone el 10% de total de su matriz energética. ¿El secreto?. Nueva Zelanda invirtió en investigación geotérmica desde hace varias décadas. Hoy en día existen en ese país centros de investigación del más alto nivel en donde se genera conocimiento y se forma capital humano avanzado capaz de liderar las diferentes etapas de investigación y desarrollo en el ámbito de la geotermia. ¿Cuál es el futuro para Chile?. Muy esperanzador. Por un lado, varias compañías privadas están involucrándose activamente en campañas de exploración geotérmica y se vislumbra que, en un futuro cercano, algunas entrarán en producción. Y, por otro lado, varios instrumentos estatales han fomentado los estudios exploratorios y otros han apostado por financiar iniciativas encaminadas hacia la formación de capital humano avanzado y a la investigación de punta en el ámbito de la geotermia. Recientemente, en el último concurso del Programa FONDAP de CONICYT para crear centros de excelencia, uno de los dos proyectos ganadores fue el “Centro de Excelencia en Geotermia de los Andes (CEGA)”, en el que están involucrados geólogos y geofísicos de las diferentes universidades y centros de investigación chilenos y extranjeros.

El desafío de tener una matriz energética diversificada es grande al cual deben concurrir muchos actores tanto públicos como privados, nacionales y extranjeros. Nuestro aporte desde el CEGA al desarrollo de la geotermia en Chile será gravitante en la medida que se establezca una buena comunicación entre el mundo científico, el sector productivo y las comunidades involucradas. Chile tiene la oportunidad de mostrar al mundo que, invirtiendo en ciencia, se puede avanzar en el desarrollo social y económico, utilizando energías limpias que respetan el medio ambiente. Es una excelente oportunidad y no hay que dejarla escapar.

Columna Prof. Ronald Fischer, académico Departamento Ingeniería Industrial

Contra lo que parece la opinión generalizada en los medios, tengo la impresión que es posible que el accidente en la planta nuclear de Fukushima sea un argumento a favor de la energía nuclear. Recordemos lo que sucedió: un terremoto de intensidad mucho mayor que la concebida por quienes planearon la planta, el que no provocó daños; estos fueron producto del tsunami. La central usaba una tecnología anticuada y hace poco estuvo a punto de ser dada de baja, debido a que había cumplido su ciclo. TEPCO, el operador de la planta, tiene mala reputación por esconder información sobre problemas en las centrales nucleares y ha sido incompetente desde que ocurrió el terremoto (salvo por usar agua salada para enfriar los reactores). Pese a estas ‘chambonadas’, no ha habido víctimas. El aumento en los niveles de radiactividad tampoco podría causarlas salvo, tal vez, en el largo plazo para los trabajadores más expuestos. Se ha perdido la inversión en la planta y los japoneses, exagerando las precauciones, pararon todas las plantas nucleares y se quedaron sin energía, pero eso fue un error del gobierno y no un problema de las centrales.
El temor a las centrales es producto del desastre de Chernobyl, mucho más peligroso que el de Fukushima – incluso en el peor escenario -, dadas sus diferentes tecnologías. Pero incluso en Chernobyl se estima que el número de muertes adicionales por cáncer, en el muy largo plazo, sería – a lo más – 4.000 de los 600.000 individuos directamente afectados por Chernobyl y, muy hipotéticamente, otras 5.000 muertes por cáncer adicionales entre los 6 millones de personas en otras áreas contaminadas (Informe OMS de 2006)

Este número debe contrastarse con las muertes que produce el calentamiento global, debido al uso de combustibles fósiles que modifican el clima y aumentan la frecuencia de sequías y huracanes. Además, las actuales centrales nucleares son más seguras que las construidas hace 40 años y existen tecnologías intrínsecamente más seguras (CANDU, pebble bed y otras) que la de agua presurizada de Fukushima.

Dado que los problemas de seguridad de las centrales nucleares no son tan graves como lo asume la prensa, se puede analizar la conveniencia de la energía nuclear para Chile. Somos un país de ingresos medios-altos, pero para poder llegar al desarrollo necesitamos disponer de energía, y que ésta no sea prohibitivamente cara. Poseemos abundantes fuentes de ella, pero es difícil utilizarlas, por lo que en su reemplazo debemos sobreutilizar diesel, el cual es contaminante y caro. Una fuente de energía barata y no contaminante (salvo visualmente) es la hidroelectricidad, pero presiones ambientalistas impiden aprovecharla, exagerando sus problemas y negando sus beneficios.

Las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) son atractivas, pero a menudo demasiado caras con las tecnologías actuales y, de todas formas, también requieren líneas de transmisión que afean el paisaje. Es probable que en algunos años la geotermia se transforme en un recurso importante, pero es difícil pensar que en los próximos 20 años pueda responder al incremento en la demanda de energía. Las centrales minihidro son atractivas y competitivas, pero su potencial es limitado y sólo pueden ser un complemento de otras fuentes de energía. La energía eólica es demasiado cara, debido a la necesidad de respaldo, y necesita subsidios para sobrevivir. Algo similar ocurre con la energía solar, aunque nuestro potencial es tan importante en el norte, que si la tecnología mejorara y los costos bajaran, podría ser nuestra gran fuente de energía limpia.

En este escenario sólo sobreviven dos alternativas: carbón y nuclear, que pueden responder a la demanda por energía segura y de bajo costo. El problema es que las centrales de carbón emiten gases invernadero y otros contaminantes e incluso más material radiactivo que una central nuclear, en condiciones normales. En el futuro mediano no queda más que desarrollar centrales a carbón, debido a que no se ha podido desarrollar la hidroelectricidad, la cual podría competirle sin sus efectos ambientales. Más a futuro, en tanto, si no hay mejoras tecnológicas suficientes en energía solar o geotérmica, la alternativa de menor impacto ambiental y de menor costo podría ser la energía nuclear. No se debe descartar esta opción por temores infundados, ya que la única manera de acabar con la pobreza y alcanzar el desarrollo es que nuestras empresas puedan competir en el mundo. Y para ello necesitan que la energía que utilizan no sea mucho más cara que la de otros países.

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