Chile obtuvo 403 puntos en Matemática en el informe PISA 2025, nueve menos que en 2022, y un 59% de sus estudiantes de 15 años quedó bajo el Nivel 2, considerado por la OCDE como el umbral de competencias fundamentales para continuar aprendiendo y desenvolverse en distintos ámbitos de la vida. La caída se inserta en una tendencia que también afecta a otros países: el promedio OCDE disminuyó nueve puntos en Matemática respecto de 2022. 
Para Salomé Martínez, académica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y directora del Laboratorio de Educación del Centro de Modelamiento Matemático (CMMEdu), el resultado confirma que Chile requiere estrategias de mayor profundidad y continuidad. Entre sus propuestas, plantea que es indispensable crear una instancia permanente que acompañe la evolución del currículum escolar, analice su implementación y aporte evidencia para orientar futuros cambios.
“El Ministerio de Educación debería tener un Consejo Permanente, cuya misión sea entender y pensar el currículum, a partir de toda la evidencia que hay. Está toda la información que nos arrojan las pruebas SIMCE, la prueba PISA, pero además está la evidencia del terreno: qué es lo que funciona, cuáles son aquellos objetivos de aprendizaje que no están bien diseñados y que hay que cambiar, y eso es un proceso permanente que no está siendo abordado por la institucionalidad existente como el Consejo Nacional de Educación o la Agencia de la Calidad”, expresa.
Para Martínez, esta institucionalidad debería trascender los ciclos gubernamentales y acumular conocimiento sobre los propios procesos de reforma. Su planteamiento no apunta a modificar el currículum cada vez que aparece un resultado adverso, sino a instalar una lógica de mejora continua, gradual y basada en evidencia, capaz además de anticipar transformaciones sociales y tecnológicas.
“Yo creo que hay que pensar en una institucionalidad, que no existe en la actualidad, y que creo que podría contribuir con una visión a largo plazo que es indispensable para mejorar”, opina.
La IA ya está en las aulas
Una de esas transformaciones que está viviendo nuestra sociedad es la incorporación de la inteligencia artificial en nuestras vidas cotidianas. PISA 2025 muestra que en Chile 51% de los estudiantes utiliza chatbots de IA para ayudarse a aprender, al menos una vez por semana, frente a 46% en promedio en la OCDE. Solo 6% declaró no utilizarlos nunca o casi nunca para las tareas escolares consideradas en la evaluación. Además, 39% los utiliza para realizar una primera investigación sobre un tema y 33% para redactar textos o resumir lecturas. 
Para Martínez, el desafío no está en intentar mantener la IA fuera de la experiencia escolar, ya que está presente en la vida de los estudiantes y el quehacer de los docentes, sino en pensar en qué hacer con ella, como usarla de manera sensata. Eso implica formar a estudiantes y docentes para comprender sus límites, cuestionar la información que entrega y evitar que sustituya el razonamiento o el criterio pedagógico.
“Los niños van a usar lo que tienen disponible y a lo mejor lo van a usar de maneras que no aportan al aprendizaje. En ese contexto, tenemos que preparar a los jóvenes para un mundo donde hay IA, no es un mundo sin IA, es un mundo con IA. También tenemos que aprender a cuestionar la información que nos entrega y eso debemos abordarlo de manera explícita en la escolaridad”, expresa.
Desde la vereda de la enseñanza, la académica pone especial énfasis en el rol docente. “La IA no reemplaza al docente. Los materiales que nos pueda generar la IA no reemplazan la tarea de preparar una clase o el criterio pedagógico de los docentes. Los profesores cuando diseñan sus clases necesitan información de sus estudiantes y eso es algo que la IA no necesariamente sabe”, precisa la académica al advertir que la IA puede apoyar en la búsqueda de información, diseño de actividades pero no cuenta con el conocimiento contextual del estudiantado, sus aprendizajes previos y las necesidades específicas de su curso.
La experiencia de CMMEdu
El Laboratorio de Educación del CMM ya incorporó inteligencia artificial mediante ChatSP, un asistente desarrollado para apoyar a docentes que utilizan los textos Sumo Primero de 1° a 6° básico. 
La herramienta permite realizar consultas pedagógicas relacionadas con los contenidos, conocimientos previos y progresión de los aprendizajes, sin sustituir las decisiones del profesor. Durante 2025 registró más de 6.200 docentes inscritos, según antecedentes del Plan de Reactivación Educativa.
El siguiente desafío, sostiene Martínez, es ampliar esa reflexión hacia el propio estudiantado.
“Hay una enorme cantidad de escolares de 15 años que han dicho que usan IA. Entonces tenemos que pensar en cómo apoyar a que los jóvenes entiendan qué es lo que entrega la IA, que puedan cuestionar esa información, que aprendan a preguntar y cuáles son las herramientas que pueden usar para aprender”, opina.
La académica relevó que el CMMEdu proyecta además incorporar IA en desarrollos vinculados a educación escolar online, con el objetivo de fortalecer capacidades que serán crecientemente necesarias para acceder a oportunidades de aprendizaje virtual.
Aprender Matemática es más que resolver un cálculo
Martínez advierte que el resultado PISA tampoco puede analizarse exclusivamente desde los contenidos matemáticos. En 2025, Chile cayó 12 puntos en Lectura, mientras Matemática disminuyó nueve. 
“Los problemas que plantea PISA exigen leer, interpretar información, identificar relaciones, razonar y decidir cómo utilizar la matemática para resolver una situación. Por ello, dificultades de comprensión lectora pueden repercutir también en el desempeño matemático, aunque no exista una relación causal simple entre ambas variables”, analiza la académica.
Esta característica conecta con el concepto de alfabetización matemática que, a juicio de Martínez, constituye una de las dimensiones más relevantes de la evaluación. “Tiene que ver con la matemática que nos sirve para relacionarnos con los problemas que nos rodean y nos permite entender el mundo de una manera más completa”, añade.
Desde esa perspectiva, propone que el currículum escolar se concentre en contenidos relevantes abordados con mayor profundidad, junto con el desarrollo del razonamiento y otras habilidades matemáticas. También plantea fortalecer el seguimiento de cómo ese currículum llega efectivamente a las salas de clases.
Políticas persistentes y docentes como actores centrales
Para Salomé Martínez, revertir la tendencia no depende de una única intervención. Requiere articular buenos recursos pedagógicos, formación inicial y continua, acompañamiento a las escuelas, condiciones para que los profesores planifiquen y políticas capaces de mantenerse durante el tiempo necesario para producir resultados. .jpg)
En esa dirección, la académica valora experiencias que han conseguido continuidad entre distintas administraciones, como Sumo Primero, cuyos textos son distribuidos actualmente a estudiantes de 1° a 6° básico en establecimientos del país y cuentan con un plan de acompañamiento docente desarrollado junto al CMM. También reconoce el actual programa ministerial Chile Aprende y Avanza incorpora iniciativas destinadas a fortalecer aprendizajes basales en lectura y matemática.
“No basta con acciones que duren poquito tiempo, sino que tienen que ser políticas de largo aliento. Se necesita ser persistente, los cambios no son de un día para otro”, advierte.
Esa persistencia, agrega, debe ir acompañada de inversión. Martínez distingue entre los recursos destinados a investigación científica y aquellos requeridos por un sistema escolar cuya escala demanda esfuerzos sustantivamente mayores. Mejorar en matemáticas significativamente va a aumentar la productividad de nuestro país. Si queremos esto, tenemos que invertir. Mejorar los aprendizajes supone invertir simultáneamente en materiales, formación y apoyo docente, formación inicial y condiciones para que las escuelas puedan sostener los procesos de mejora.
“Se requieren políticas públicas a largo plazo, enfocadas en aprendizaje y que consideren al docente como un actor clave. No hay maneras de acortar ese camino y no hay una pastilla mágica, la IA no va a resolver esto”, expresa la académica.
Para la directora de CMMEdu, ese es también el sentido más profundo detrás de las cifras de PISA: ampliar las oportunidades de aprendizaje matemático no solo tiene implicancias para mejorar la productividad del país o la formación de futuros profesionales STEM, sino para la capacidad de las personas de comprender y desenvolverse en el mundo.
“Todos los jóvenes tienen derecho a aprender Matemática porque va a enriquecer su experiencia humana. Tiene que ver con nuestra vida propia, con quiénes somos”, concluye.

