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Valtencir M. Mendes

Valtencir M. Mendes, jefe de Educación de la Oficina Regional de la Unesco en Santiago

“Una educación matemática sólida es también una condición para sociedades más justas, desarrolladas y preparadas para el futuro”

Entrevista a Valtencir M. Mendes, de la Unesco Santiago

Desde 2019 el Laboratorio de Educación del Centro de Modelamiento Matemático (CMMEdu) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile y Unesco imparten la cátedra “Formación de docentes para enseñar matemáticas en el siglo XXI”, un curso que busca contribuir a la instalación de capacidades y generación de conocimiento en el sistema de formación docente, fortaleciendo la preparación de profesores y profesoras para la enseñanza de la matemática, la cual es liderada por la académica del Departamento de Ingeniería Matemática de la FCFM e investigadora del CMM, Salomé Martínez.

En el marco de esta colaboración, Valtencir M. Mendes, jefe de Educación de la Oficina Regional de la Unesco en Santiago, compartió su mirada sobre los desafíos actuales y futuros de la educación matemática en Chile, América Latina y el Caribe.

Desafíos de la educación matemática en Chile y la región

- ¿Cuáles son actualmente los principales desafíos que enfrenta América Latina y el Caribe para asegurar aprendizajes matemáticos de calidad y con equidad?, y en este contexto ¿dónde considera que Chile debería concentrar sus esfuerzos para avanzar hacia mejores aprendizajes?

Sin duda, la región enfrenta el desafío doble de mejorar los aprendizajes fundamentales, incluidas las matemáticas, y de hacerlo, reduciendo las desigualdades que afectan a nuestras sociedades. Aún es posible observar brechas persistentes asociadas al nivel socioeconómico, el territorio, el género y la pertenencia a grupos históricamente marginados. Los últimos resultados de PISA reafirman la necesidad de situar estas brechas en el centro de las políticas educativas que buscan mejorar los aprendizajes. En este contexto, Chile cuenta con importantes fortalezas: una institucionalidad educativa sólida, así como experiencias exitosas de innovación lideradas por el Estado en colaboración con la academia y diferentes socios. Desde la Unesco, consideramos que entre las principales prioridades se encuentra fortalecer la enseñanza a través del desarrollo profesional docente, tanto inicial como en servicio, junto con enfoques específicos para atender brechas que aún persisten, como la de género.

- Frente a estos desafíos, ¿qué capacidades se requieren fortalecer en la docencia y qué debería caracterizar hoy su formación inicial y su desarrollo profesional?

Resulta fundamental contar con docentes que incorporen de manera innovadora sólidos conocimientos disciplinares con herramientas pedagógicas que atiendan los desafíos de las aulas contemporáneas, considerando la diversidad de las y los estudiantes y sus necesidades en el aula, como sugiere la Estrategia Regional Docente de Unesco. La formación inicial y el desarrollo profesional deberían promover la autonomía suficiente para diseñar experiencias educativas que pongan en el centro el razonamiento crítico, la resolución de problemas y la capacidad de usar las matemáticas en sus vidas, al mismo tiempo que fortalecen las competencias vinculadas a la inclusión, la equidad de género, el uso crítico de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial.

Nuestra experiencia acumulada nos muestra que los mayores impactos se producen cuando la formación de las y los docentes está íntimamente vinculada a la práctica, por lo que debemos priorizar cada vez más los modelos de desarrollo profesional continuos, colaborativos y contextualizados.

Colaboración entre Unesco, CMMEdu y la Universidad de Chile

- Desde 2019, la Universidad de Chile alberga la cátedra Unesco “Formación de docentes para enseñar matemática en el siglo XXI”. ¿Qué valor tiene para este organismo esta colaboración y qué destacaría del camino recorrido junto a CMMEdu?

Las Cátedras Unesco constituyen espacios privilegiados para generar conocimiento, fortalecer capacidades e impulsar la cooperación internacional, por eso se encuentran en el corazón del trabajo de la Unesco en todo el mundo. En este sentido, reconocemos especialmente a la Cátedra del CMMEdu porque combina excelencia académica con un compromiso con las políticas educativas del sector. Asimismo, nos ha permitido aunar esfuerzos en iniciativas nacionales y regionales que impulsen el trabajo de la Unesco y de los Estados Miembros en diferentes contextos. El conocimiento acumulado del CMMEdu, además, nos ha permitido avanzar en proyectos conjuntos con vocación regional, contribuyendo a los desafíos compartidos de América Latina y el Caribe.

Este camino recorrido junto a CMMEdu nos deja convencidos de que aún queda mucho por construir. Chile tiene la oportunidad de consolidarse como un referente regional y global en la formación docente en matemática, y desde Unesco renovamos nuestro compromiso de seguir tejiendo puentes entre la academia, la política pública y los territorios.

Invitamos a nuevas instituciones y actores a sumarse a este esfuerzo colectivo, porque solo trabajando de manera articulada podremos responder a los desafíos educativos que enfrenta Chile y la región.

Aprendizajes y proyección regional

- ¿Qué componentes del modelo de trabajo desarrollado en el CMMEdu podrían ofrecer aprendizajes relevantes para otros países de la región y cuáles deberían adaptarse a sus diversas realidades? ¿Cómo podría la Unesco contribuir a que esto ocurra?

Desde la Unesco, valoramos la capacidad del CMMEdu para articular investigación y práctica educativa, poniendo al servicio del sistema educativo la evidencia acumulada y produciendo recursos de alta calidad alineados con el currículo. Sin embargo, ningún modelo puede transferirse automáticamente, dado que cada país presenta contextos institucionales, culturales y educativos distintos.

En ese sentido, resulta clave desarrollar mecanismos para transferir principios, metodologías y aprendizajes que luego puedan adaptarse a los contextos y necesidades nacionales. La Unesco desempeña un rol fundamental en esto: nuestro trabajo facilita estos procesos de intercambio y cooperación que permiten construir conocimiento regional.

Mirada hacia el futuro

- ¿Qué oportunidades de mejora identifica en la colaboración entre Unesco y CMMEdu para contribuir desde Chile a los desafíos de la educación matemática en América Latina y el Caribe?

Creo que una enorme oportunidad es fortalecer la cooperación regional en la formación docente en matemáticas, profundizando y ampliando el proyecto que estamos implementando en conjunto para fomentar la participación de las niñas en matemáticas. Si bien actualmente hemos estado concentrados en la formación docente en servicio, resulta importantísimo pensar en la formación inicial y en los cambios sistémicos que permitan a los países transversalizar esta prioridad. La evidencia que estamos acumulando en esta versión del proyecto, sin duda, nos permitirá avanzar en estrategias que beneficien a Chile y a la región.

- Pensando en la próxima década, ¿en qué debería enfocarse hoy un centro de educación matemática que quiera anticiparse a los cambios que traerá la inteligencia artificial y no simplemente reaccionar ante ellos?

Me parece que necesitamos pasar de la pregunta sobre cómo incorporar la IA en la enseñanza a preguntarnos de qué manera, cuándo y qué capacidades humanas debe ser utilizada. Un centro de educación matemática debería enfocarse en fortalecer habilidades que las tecnologías no sustituyen fácilmente: el razonamiento matemático profundo, el pensamiento crítico, la comunicación, la creatividad y la capacidad de formular y resolver problemas auténticos.

Al mismo tiempo, podría investigar cómo utilizar la inteligencia artificial de manera ética y pedagógicamente pertinente para apoyar a docentes y estudiantes. La meta no es reemplazar el aprendizaje de las matemáticas, sino potenciarlo. Y para ello seguiremos necesitando docentes altamente preparados, capaces de ayudar a las y los estudiantes a comprender, interpretar y utilizar el conocimiento matemático en contextos cada vez más complejos.

Creo que esta pregunta no puede responderse sin mirar de frente lo que muestran PISA y SIMCE. Llevamos más de quince años sin avances sustantivos en matemática, y aunque Chile no cayó tanto como el promedio de la OCDE tras la pandemia, tampoco ha logrado despegar. A eso hay que sumarle que la brecha de género se ha ampliado en las últimas mediciones, y que la recuperación que vemos en los cursos iniciales se debilita justo en la etapa donde se juegan las trayectorias escolares y las decisiones vocacionales. Eso no es un dato técnico más, es una señal de urgencia.

Por lo mismo, creo que no podemos enfrentar solos este desafío. Desde Unesco reiteramos nuestra disposición a seguir trabajando junto a CMMEdu, y extendemos una invitación abierta a otras instituciones académicas, ministerios de educación y organizaciones de la sociedad civil para sumarse a esta agenda. La próxima década se juega en las decisiones que tomemos hoy, y necesitamos construirlas de manera colectiva, con la evidencia como base y con la convicción de que una educación matemática sólida es también una condición para sociedades más justas, desarrolladas y preparadas para el futuro.

Formar el pensamiento matemático de nuestros niños, niñas y jóvenes no es opcional, es la base para que puedan crear, cuestionar y liderar en la era de la inteligencia artificial. Hagamos de esto un movimiento co

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