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Ingeniería de Transporte

Entrevista a Jaime Valenzuela

Profesor pionero del diseño vial en Chile deja de hacer clases después de más de 3 décadas

Profesor Jaime Valenzuela

Profesor Jaime Valenzuela

Pieza clave en el desarrollo de la vialidad en Chile, Jaime Valenzuela fue autor de documentos como las Recomendaciones para el Diseño de Elementos de Infraestructura Vial Urbana, REDEVU (1983), y gestor del Manual de Diseño y Evaluación Social de Proyectos de Vialidad Urbana (1988), así como también productor del primer software chileno de diseño vial urbano, conocido como DIVA. Hoy, después de 34 años impartiendo clases en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile a cargo del curso de Diseño Vial, se retira de las aulas, con el sentimiento de haber realizado grandes aportes en el área, así como también de que los enfoques académicos se van moldeando a lo largo del tiempo. En la siguiente entrevista, el experto recuerda su época como académico, y comparte su visión de los proyectos de vialidad en Chile.

¿Por qué dejas de hacer clases?

Bueno, para empezar, ya está bueno (risas). Fueron 34 años y se va haciendo cada vez más difícil asignarle el tiempo que requiere el curso, sobre todo después del último cambio que le hice el año 2013. El enfoque pasó a ser mucho más práctico, con énfasis en “hacer” cosas; y eso significa mucho más trabajo para el profesor, que simplemente pasar la materia. Significa más preparación y la verdad es que cada vez el tiempo es más escaso.

Sin embargo, en este último periodo conté con la ayuda de Carlos Moya. Carlos fue adquiriendo una importancia radical ya que él hace la mitad del curso, la parte de diseño urbano. Él hace un taller que es de dispositivos viales especializados para buses.

Entonces, ¿cómo era el enfoque del curso originalmente?

Hace 34 años, el curso se impartía de forma anual y era sobre infraestructura de transporte: puertos, aeropuertos, ferrocarriles y vialidad. Entonces, el curso que se dictó en estos últimos años de manera semestral, era sólo una parte del antiguo curso.

¿Por qué crees que se ha ido transformando?

Antes el enfoque de la ingeniería en transporte estaba más inclinado a la infraestructura, pero esto se ha ido quedando afuera. Cursos de ingeniería civil para el transportista, al interior de la especialidad, no hay, salvo éste; digamos, la “ferretería” y la “gasfitería” se pasan sólo en éste. Y esto se va dando porque es un proceso retroalimentado, en el sentido de que los alumnos que se meten a transporte les interesan más las materias actuales, que esto otro. Es lo que los atrae más y está todo armado para que así sea, porque los profesores son de esas especialidades, y son excelentes profesores, de bastante peso académico. Asimismo, en la otra área no se encuentran investigadores, doctores, sino que aquí vas a encontrar más oficio, gasfíteres, casco.

Entonces es un proceso en el que, yo creo, va a terminar por no haber nada. Este tipo de especialidades va a terminar siendo de otro tema, o de otras escuelas, de construcción; incluso de escuelas de diseño o carreras técnicas, ingenierías de ejecución. Ésta es un área en que se necesita bastante gente que sepa vialidad. Hay escasez de profesionales en el rubro.

Al respecto, ¿recuerdas algún período que haya sido un gran momento de la especialidad en cuanto a investigación y desarrollo en el área del diseño vial?

Hubo un intento a fines de los años 90 de armar un gran proyecto entre el estado, la universidad y los particulares, para generar profesionales requeridos en el área de la vialidad. Durante dos años se consiguió que el MIDEPLAN destinara un presupuesto para hacer proyectos completos. Se diseñaron dos corredores exclusivos para buses. El de Grecia, desde Dr. Johow hasta Tobalaba se construyó. Fue fabuloso. La Chile ponía a los alumnos, y los alumnos ponían el trabajo en el área de diseño, supervisado por profesionales destacados. El proyecto salió increíble; de hecho, se llamó a licitación con el proyecto que hizo la escuela y no le tuvieron que cambiar casi nada. Estaba perfecto.

Pero la máquina no progresó. La universidad no pudo enfrentarlo, principalmente por problemas de forma. No le acomodaba a la “U” este esquema de una empresa privada haciéndose cargo. Es comprensible: se manejaba harta plata, y era un tanto complicado. Una pena porque fue quizás uno de los últimos proyectos de largo plazo en nuestro sector.

¿Por qué dices que fue uno de los “últimos”? Hoy en día hay esperanza en un proyecto de largo plazo: el diseño y ejecución de la Nueva Alameda-Providencia

Bueno, entendamos que en Chile el largo plazo está muerto, y esta muerte está íntimamente relacionada con el escaso aprovechamiento de la experiencia, y esto condiciona el nivel de desarrollo de los países. Ahora, la Nueva Alameda-Providencia es un proyecto enorme y esperemos que llegue a puerto, pero sigue siendo un proyecto aislado. Cuando digo largo plazo me refiero a proyectos como aquellos en que yo me he embarcado de una u otra manera; por ejemplo, los cambios institucionales necesarios para generar autoridades metropolitanas, o más cercano a mi práctica profesional, la creación de un Conservador del Espacio Público, que era el objetivo final de un programa múltiple del cual DIVA era tan solo el motor computacional. Con respecto al proyecto de Alameda, uno de los problemas que lo dificultan es el cálculo del presupuesto. El proyecto cuesta mucho más del dinero disponible. La gente que se presentó a esa licitación, enfrentó el problema que tienen gran cantidad de proyectos en Chile: las lucas. Es lamentable, sin embargo sería hermoso que se concrete.

Pongámonos más románticos. ¿Recuerdas algún momento a lo largo de los 34 años en de la facultad con especial cariño?
Yo lo que más recuerdo es este experimento que te conté. Eso fue lejos lo más estimulante y lo que más hizo ilusionarme con los aportes que se pueden hacer al sector. Esto era un experimento que seguramente fue mal llevado. Quizás si hubiese sido más humilde, más “chiquitito”, menos ambicioso no habría despertado tanta incomodidad, quizás desconfianza. Los montos involucrados fueron demasiado grandes y eso se presta para suspicacias.

¿Alguna anécdota chistosa que recuerdes? Deben haber muchas, ¿alguna que salga a la luz?

Tengo pésima memoria. Jaime Gibson recordó una el otro día en mi comida de despedida. Esto lo supo porque en ese tiempo él era jefe del Departamento: en un control, yo agregué a cada nota unos comentarios dirigidos a cada alumno. Eran más o menos originales. Pero resulta que le llegaron a reclamar a acerca de estos “comentarios”. En la comida, Gibson contó unos ejemplos de los comentarios que yo había escrito, y bueno, 30 años después me doy cuenta que fue algo inusual. Efectivamente fueron comentarios un tanto irónicos, y por lo mismo mis alumnos se enojaron (risas).

¿Qué es lo que más vas a echar de menos? Siempre hay algo…

Sabes lo que pasa, yo tengo un problema. Mi memoria es muy escasa, no soy coleccionista, y el futuro no es lo mío. Osea, en suma, estoy demasiado “aquí”. Entonces, prácticamente estoy ampliando la pregunta y qué es lo que echo de menos yo de mi vida, y prácticamente nada. Bueno sí, puedo echar de menos a personas en particular porque hemos estado unidos años y ahora no están. Claro, quizá el próximo año eche de menos hacer clases, o esta relación con un mundo que para mi se terminó, que es la academia. Y además todavía no me doy cuenta, tiene que aparecer la posibilidad de la nostalgia. Pero incluso mirando para atrás, parece que no tengo la capacidad de percibir nostalgia.

Ya que el largo plazo no existe, ¿qué se viene en el corto plazo?

Bueno seguir con mis actividades profesionales-gremiales por así decirlo. Soy representante de la Sociedad Chilena de Ingeniería de Transporte en el consejo de la sociedad civil de la SUBTRANS. Soy el presidente de ese consejo, al cual también represento en la Mesa para un nuevo Transantiago y en el Consejo Consultivo Asesor de Estrategia y Planificación DTPM, que participa en la redacción de las bases de las próximas licitaciones de Transantiago. Y qué veo en el futuro? Bueno, el proyecto más ambicioso que veo es la concesión de la red de ciclovías del Gran Santiago, que es una cuestión que podría resultar. Es una idea novedosa.

¿En qué consiste?

En mi empresa consultora hicimos, el año 97, un estudio de una red de ciclovías para todo Santiago. Alrededor de 1200 km, en 34 comunas. Fue un estudio bastante grande que demostró la factibilidad geométrica de hacer una red de ciclovías sin expropiaciones, y que llevaba asociado un estudio de demanda muy acabado, y que demostró también que era socialmente rentable sobre ciertos supuestos. Resultó del estudio de demanda que con el proyecto la partición modal de bicicletas subía a cinco y tanto por ciento en hora punta, en promedio. Hoy en día, sin esta red, se está llegando a eso.

Finalmente como en casi todos los proyectos más audaces, los gobernantes en ese entonces no se atrevieron; pero ahora esa situación ha cambiado. Hay un ánimo totalmente distinto. Entonces, nosotros presentamos la idea de concesionar esta red. El financiamiento sería estacionamiento y publicidad. La idea es que paguen los automovilistas y que haya un subsidio cruzado. Construyes, compatibilizas con lo existente y conservas. Yo veo mucho interés político en ello y sería muy bonito que siguiera rumbo. Y si llegara a salir, va a dar mucho que hablar: ¡el Estado interviniendo para cambiar el paradigma de transporte!

Que interesante, no había escuchado hablar sobre este proyecto.

Es porque es totalmente secreto. Totalmente.

¿Quisieras dejar algún mensaje para los alumnos del Departamento?

Es raro que alguien con mala memoria y que dice que el futuro no es lo suyo, tenga un mensaje cuyo sentido está dado por las relaciones entre pasado y futuro. Debe ser porque lo primero me describe a mí y mis relaciones conmigo mismo, y no es aplicable a mi obra, que es cosa de días sucesivos, uno a uno, en los cuales la conciencia en sí se torna secundaria y el sujeto se desplaza hacia la sociedad en la que viví y en la que participé.

En fin, un mensaje posible es que valoren el orden y la calidad. Hay un camino directo a la buena vida que solo puede transitar una persona cada millón, la que siempre supo lo que quería hacer de su vida -vocación le llaman- y siguió ese camino con el entusiasmo propio de tal energía y con los resultados que por lo general se dan en tales casos.

Hay otro, no tan luminoso, que lleva casi a donde mismo, y es el de quien descubre el placer de la calidad y del orden. Hacer las cosas bien, y cuando se hacen bien, tratar de mejorarlas, conduce al gusto por lo que se hace; una vocación ex post, se podría decir. Y no hay calidad sin orden; ese orden constituido por la planificación, por una parte, que tiene que ver con el futuro, y por el registro, difusión y consolidación de la experiencia por otra; para que el pasado que serán nuestras obras sea aprovechable.

En nuestro país, la acción, los proyectos ejecutados, son una parte de la vida que se sobrevalora demasiado, lo que sumado al desconocimiento de sus administradores de los recursos que se necesitan para llevarlos delante de buena manera y a la rotación insensata de los cargos clave para el desarrollo del país, lleva a una suerte de caos donde una parte enorme de lo hecho y aprendido no se aprovecha y en el cual la calidad se torna si no imposible, desvalorizada. Gran parte de lo que queda atrás es desorden, aprendizajes sin registro ni proyección. La calidad es un asunto de primera importancia.

Martín Quiroz Villanueva

Miércoles 23 de marzo de 2016

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