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"Un (nuevo) evento hidrometeorológico bien previsto... pero igual ocurrió una catástrofe"

Prof. René Garreaud.

Prof. René Garreaud.

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Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, (CR)2

René Garreaud es académico del Departamento de Geofísica y subdirector del Centro de Ciencia del Clima y la resiliencia (CR2), ambos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

Los aluviones ocurridos a lo largo de la cordillera de Chile central (y también los de la zona norte) el último fin de semana de febrero de 2017 fueron gatillados por precipitaciones moderadas a intensas (Fig. 1), que como es común en la estación de verano, ocurrieron con temperaturas cálidas de forma que la lluvia alcanza hasta los 4500 metros de altura. Las quebradas y cajones cordilleranos, con una fuerte pendiente y mucho material sólido, concentraron esta precipitación líquida generando así los flujos de barro y aluviones con las consecuencias que ya conocemos. Como referencia, durante las tormentas de invierno el nivel de la isoterma de 0ºC (que delimita los sectores con lluvia (bajo la isoterma) y nieve (sobre a isoterma) usualmente se ubica en torno a los 2300 metros (Garreaud 2013).

FCFM

Este último evento tiene los ingredientes típicos de las tormentas de verano analizados en trabajos científicos de nuestro grupo (Garreaud y Rutllant 1997; Viale y Garreaud 2014). Desde el miércoles 22 se estableció un área de alta presión en el sur del continente, ocasionando un fuerte flujo de humedad desde la zona central de Argentina hacia la cordillera de los Andes. Al mismo tiempo, un núcleo de baja presión en altura se aproximó a la zona centro-norte de Chile desde el Pacifico produciendo viento del este (favoreciendo así la llegada de aire húmedo de origen trasandino) e inestabilidad. Estos dos elementos, humedad e inestabilidad, fueron los que finalmente permitieron el desarrollo de la tormenta sobre la cordillera (Fig. 2).

FCFM

Una descripción más detallada del evento escapa a los alcances de esta nota y puede encontrarse en las referencias ya indicadas. Sin embargo, hay dos aspectos que es importante discutir con miras a prevenir este tipo de situaciones. El primero es la “predictabilidad” de este tipo de situaciones meteorológicas. Los modelos numéricos que se emplean en la actualidad para realizar los pronósticos del tiempo fueron capaces de prever con una buena antelación (al menos 48 horas) la precipitación en cordillera y la Dirección Meteorológica de Chile realizó una adecuada previsión de este evento.

El acierto en la previsión meteorológica ha ido en constante aumento debido a mejoras en sistemas de observación y modelación, como también a una mejor comprensión conceptual de los fenómenos atmosféricos. En consecuencia, la mayoría de los eventos recientes de alta impacto (aluvión de Atacama, tormenta de abril del 2016, tormentas de viento del 2015) han sido bien pronosticados, aunque los pronósticos siempre serán susceptibles a contener errores por exceso o defecto. El pronóstico meteorológico es el punto de partida para otros pronósticos (por ejemplo de crecida de un río) y eventualmente para el manejo de una situación crítica. Se requiere entonces no solo de evaluar y mejorar los pronósticos meteorológicos, sino de evaluar como este pronóstico es interpretado y empleado en el resto de la cadena de manejo de emergencias. Hoy en día, ya no se puede apelar a que lo que ocurrió fue “imprevisto” o un capricho de la naturaleza.

El segundo punto para comentar es la supuesta influencia del cambio climático en estos fenómenos. Las tormentas de precipitación de verano en nuestra cordillera son eventos infrecuentes pero que ciertamente han ocurrido antes. Debido a su carácter y nuestro pobre registro histórico resulta difícil determinar que exista una tendencia de aumento (o disminución) de su ocurrencia. Tampoco existe una base física que conecte estos eventos con el cambio climático. La alteración global del clima se manifiesta en muchos aspectos meteorológicos en Chile central (aumento de temperaturas, disminución de lluvias de invierno) pero no hay evidencia que lo vincule con fenómenos como el de fines de febrero. Por otro lado, la mayor exposición de la sociedad a la naturaleza y el crecimiento urbano podrían ser causas más probables para explicar la percepción en el incremento de este tipo de fenómenos.

Referencias

Garreaud, R., y J. Rutllant, 1997: Precipitación estival en los Andes de Chile central: Aspectos climatológicos. Atmósfera. 10, 191-211.
Garreaud, R., 2013: Warm winter storms in Central Chile. J. of Hydrometeorology, 14, 1515-1534
Viale, M., and R. Garreaud, 2014: Summer precipitation events over the western slope of the subtropical Andes. Mon. Wea. Rev, 142, 1074-1092; DOI: 10.1175/MWR-D-13-00259.1
Garreaud R., and M. Viale, 2014: Análisis de los fenómenos meteorológicos y climáticos que afectan la cuenca del río Maipo. Aquae Papers, 5(*), 17-29

Jueves 2 de marzo de 2017

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