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Columnas de opinión

Especial Cambio Climático:

Recursos hídricos en Chile: estado actual y desafíos futuros

Por Miguel Lagos, James McPhee, Pablo Mendoza y Ximena Vargas, académicos del Departamento de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile.

agua

En el contexto global, se proyecta que Chile sea uno de los países fuertemente afectados por los efectos climáticos del calentamiento global. En Chile, las observaciones indican tasas de incremento de temperatura del orden de 0.3°C/década en zonas de altura, en contraste con los 0.2°C/década registrados en el valle central, impactando directamente la cantidad de agua almacenada en nuestra Cordillera de los Andes, ya sea en forma de nieve o glaciares.

Estos cambios en los patrones climáticos globales también han tenido repercusiones en la frecuencia y magnitud de eventos de precipitación. Un ejemplo concreto es la megasequía observada en nuestro territorio, que ya cumple 10 años y que hoy tiene a Santiago con un déficit de precipitaciones igual a 75 % en relación a un año normal.

Las proyecciones climáticas no son alentadoras: si la humanidad mantiene sus tasas de emisión de gases de efecto invernadero, se proyecta que la precipitación media anual en Chile para el periodo (2045-2069) disminuya un 13%, afectando principalmente a Chile Central. Si se adoptara un escenario de emisiones restrictivo en base a una matriz energética limpia, el descenso medio proyectado para la precipitación anual promedio sería de 5%.

¿Cómo afectarían estas proyecciones climáticas a la disponibilidad hídrica futura?

Para responder a esta pregunta, resulta fundamental comprender cómo las características físicas y climáticas de nuestras cuencas se conjugan para moldear el comportamiento hidrológico de las mismas en condiciones climáticas actuales. En otras palabras, buscar respuestas a interrogantes como: ¿cuánta nieve se almacena en los Andes chilenos y cómo se distribuye? ¿qué fracción de la precipitación anual alimenta nuestros ríos? ¿cómo es la estacionalidad del caudal? ¿qué fracción del caudal proviene del derretimiento de nieves y glaciares? ¿cuál es la velocidad de respuesta de nuestras cuencas ante eventos de precipitación extrema? ¿cuán sensible es la generación de escorrentía a variaciones de precipitación o temperatura?

Desde el año 2016, la Universidad de Chile ha liderado un esfuerzo multidisciplinario para proveer respuestas a tales interrogantes, mediante su participación en el proyecto “Actualización del Balance Hídrico Nacional” para la Dirección General de Aguas (DGA). Esta iniciativa se ha transformado en una oportunidad única para aprender sobre la hidroclimatología de nuestro país en base a modelos y observaciones. Por ejemplo, las variaciones climáticas existentes a lo largo del territorio se traducen en heterogeneidades importantes en cuanto a la fracción de precipitación que se transforma en evapotranspiración (ET/P), desde un 90% en el altiplano hasta un 10% en cuencas del sur de Chile. Asimismo, en las cuencas del altiplano, los flujos (precipitación, evapotranspiración y escorrentía) ocurren principalmente entre los meses de diciembre y marzo, mientras que en las cuencas del norte y centro del país, los flujos dependen de la nieve acumulada y de los procesos de derretimiento que se inician en el mes de septiembre; las cuencas del sur de Chile son dominadas por la ocurrencia de precipitación de manera que los mayores caudales ocurren principalmente en invierno.

La gran heterogeneidad tanto climática como fisiográfica que posee nuestro país dificulta cuantificar los recursos hídricos disponibles. No obstante, el desarrollo tecnológico ha posibilitado productos satelitales que permiten realizar estimaciones de la distribución espacial y temporal de los factores que inciden en la producción de la escorrentía. Sin embargo, dichas estimaciones son más certeras cuando se basan en datos observados en superficie.

La tarea de caracterizar los recursos hídricos que se generan de manera natural en Chile se ha visto obstaculizada por la relativa escasez de observaciones de variables clave. Ejemplos emblemáticos son la precipitación - de la cual sabemos muy poco por sobre los 1500 m s.n.m. - y la nieve, para la cual no contamos con más de una decena de cojines de nieve, en contraste con los más de 1000 que se encuentran operativos en Estados Unidos.

Intervención antrópica y gestión hídrica: un desafío pendiente

Ante un clima cambiante y las dificultades que agrega la falta de observaciones, se suma el comportamiento humano. El aprovechamiento sistemático y masivo de los recursos hídricos en Chile se remonta a mediados del s. XIX, cuando los avances tecnológicos permitieron desarrollar los primeros grandes proyectos de regulación y canalización de aguas. Posteriormente la tecnología permitió el aprovechamiento de aguas subterráneas gracias a la masificación de la energía eléctrica y el advenimiento de la bomba sumergible de elevación, a mediados del s.XX. El objetivo histórico de todos los sistemas de gestión de aguas fue el aprovechamiento de las mismas para consumo humano, industrial y agrícola, así como para generación de energía, sin tomar en consideración los aspectos ambientales. Como consecuencia, Chile presenta importantes pasivos ambientales derivados del seccionamiento de ríos, de la gestión desintegrada de aguas superficiales y subterráneas, etc., pasivos que podrían agravarse en escenarios de menor disponibilidad de recursos, tales como los que se proyectan asociados al cambio climático global.

Asimismo, en años recientes se ha puesto en entredicho la capacidad del sistema regulatorio basado en derechos de aprovechamiento y mecanismos de asignación vía mercado para asegurar el acceso equitativo al agua por parte de la población, así como para para conservar la función ambiental de los sistemas hidrológicos. El Instituto de Ingenieros de Chile (2011) identificó siete áreas en las que se requiere una acción prioritaria para abordar los problemas más urgentes: a) la adquisición y gestión de la información, y la generación de conocimiento; b) la institucionalidad pública; c) la gestión de las aguas subterráneas; d) la incorporación de la función ambiental del agua en los sistemas de gestión; e) La gestión de cauces y control de crecidas; f) las organizaciones de usuarios; y g) la gestión integrada de los recursos hídricos.

En la actual fase de desarrollo del país, la ausencia de gestión integrada de los recursos hídricos (GIRH) a nivel de cuenca hidrográfica constituye una severa dificultad para encontrar soluciones a los problemas indicados anteriormente. En efecto, temas estratégicos tales como el control de las externalidades que afectan la recarga de las aguas subterráneas, el tratamiento de problemas asociados a los seccionamientos de los ríos, la incorporación de regulaciones al mercado de derechos de aprovechamiento, la implantación de planes de recuperación de caudales ambientales en ríos degradados, entre otros, suponen un análisis sistémico del comportamiento esperado de las cuencas, y un acuerdo y compromiso entre los actores públicos y privados sobre una visión de largo plazo y objetivos de gestión coherentes con esa visión. Los impactos proyectados del cambio climático imponen un sentido de urgencia a esta situación, por cuanto la disminución de disponibilidad promedio de aguas, y el incremento en la frecuencia y severidad de eventos extremos tienen el potencial de profundizar la ineficacia de algunos de los mecanismos institucionales actualmente en existencia.

Lunes 19 de agosto de 2019

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