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Columnas de opinión

Claudio Gutiérrez:

Alcances sobre política y gobierno universitario

Claudio Gutiérrez es académico del Departamento de Ciencias de la Computación de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y candidato al Senado Universitario.

El jueves 17 de octubre de 2013 se elegirá un senador universitario por la Facultad, en reemplazo del cargo que dejó José Miguel Piquer.[1] En lo que sigue quiero exponer, en el espacio que esta columna permite, mis ideas sobre la universidad y la educación en Chile, para pedir el apoyo de quienes compartan en general estas inquietudes. Como lamentablemente nadie más se postuló (lo que impide que todos los académicos tengamos más opciones para elegir), creo que es importante partir motivando la necesidad y relevancia del Senado al interior de la Universidad.

El Senado Universitario es el órgano colegiado encargado de ejercer la función normativa de la Universidad. Tiene como tarea fundamental establecer las políticas y estrategias de desarrollo institucional, así como los objetivos y metas para el cumplimiento de ellas. Es un órgano representativo de la comunidad universitaria que está integrado, además del Rector que lo preside, por 36 miembros: 27 académicos, 7 estudiantes y 2 funcionarios.

1. Política universitaria y de la otra

Hablar del Senado es hablar de política universitaria. La política, según una de sus concepciones más tempranas, es la preocupación por lo público, y lo público es lo opuesto a lo privado. Donde hay más de un ser humano, hay valores diferentes, formas distintas de ver y actuar frente a los mismos fenómenos. La política consiste en buscar caminos para convivir con otros valores diferentes, por oposición a lo privado que es un ámbito donde no existe el otro.

Aristóteles sostenía que el hombre es por esencia un animal político; su elemento distintivo es que lo mueven valores y luego una preocupación por lo público. Por muchos años se nos ha querido inculcar la idea que esto es un problema, que la política debilita las sociedades, que las hace "ineficientes", que habría que dejar que la naturaleza (los hechos) y su "sabiduría" nos guíen, que nuestro rol sería solamente el detectar esas señales "objetivas". ¿Incorporar más mujeres a la Facultad? Dejemos que los hechos hablen de su conveniencia; no dejemos que nuestros valores se interpongan, nos intentan convencer. ¿Es bueno aceptar más o menos alumnos el primer año? Veamos cuán eficiente es, nos replican. Un poco de reflexión muestra que para esos temas no hay una solución "universal". Ellos dependen de qué queremos lograr, o en otro lenguaje, qué efecto se quiere lograr con la "eficiencia"[2]. Su abordaje depende de nuestros valores. Esto es, son decisiones de política universitaria.

La política en general, y la universitaria en particular, es un espacio donde también se juega el poder. ¿Qué "peso" deben tener los profesores de diferentes jerarquías en las decisiones universitarias? ¿Deben tener los mismos derechos e influencia, un artista, un músico, que un ingeniero comercial o un abogado? Una definición bastante aceptada de poder dice que "A ejerce poder sobre B cuando A afecta B de una manera que es contraria a los intereses de B". Así la política universitaria también se trata de darle voz a aquellos que no siempre tienen espacio para alzar su voz. Para ello es necesario que todos tengan representación en la política universitaria. La universidad es un espacio público, no privado.

2. Gobierno universitario, jerarquías y participación

Uno de los temas de la política universitaria es la gobernanza (arte o manera de gobernar) universitaria. El debate sobre el rol de las jerarquías y su balance con los procesos democráticos abarca no sólo el gobierno de las universidades, sino el de casi cualquier organización social. La cristalización de estos debates son las estructuras y organizaciones que permiten recoger los puntos de vista y aportes dispersos en los diversos actores, que tengan mecanismos de resolver conflictos y diseñar políticas, y las herramientas para implementarlas de la manera más efectiva.

Soy de los que creo que la participación de todos los estamentos en la formulación de las políticas universitarias es algo que enriquece nuestro quehacer. Hay un largo y antiguo debate sobre esto, que arranca desde la crítica al autoritarismo del antiguo catederático (especie no extinta) que sólo respondía ante sí mismo, hasta las discusiones sobre la moderna universidad donde sus académicos son parte de una comunidad con complejas relaciones internas, normas de convivencia y accountability. Ser partidario de la participación tanto de académicos, como estudiantes y "personal de colaboración" como le llaman hoy, no tiene mucha novedad, pues la triestamentalidad es algo que muchos practican. Ejemplos son los senados de Columbia, Maryland, Rutgers, Bologna, Edinburgo, y otras universidades mundialmente reconocidas. En el caso de Columbia, por ejemplo, el Senado tiene 108 asientos electivos, 63 reservados para académicos, 24 para estudiantes, 6 para investigadores de dedicación exclusiva, 2 cada uno para personal administrativo, bibliotecarios y ex-alumnos, y 9 para administradores seniors incluyendo el presidente, que dirige los plenarios mensuales.

Un tema más fino y delicado dice relación con en qué medida y cómo se debieran extender estas prácticas a diferentes organismos, y cómo se entrelazan con la gestión de la universidad en sus diferentes niveles. Por de pronto es una discusión abierta hoy. Nadie, que yo sepa, tiene conclusiones definitivas sobre este tema. Es el clásico debate -usualmente acalorado- sobre cómo balancear las prácticas de gestión técnica y sus acompañamientos de expertos, jerarquías, centralización y métricas de eficiencia, con las políticas de interés público, socialización de conocimiento, y sus lógica de participación, democracia y redes de iguales. La universidad tiene de ambas y el Senado es uno de los espacios que se ha dado nuestra Universidad para determinar cómo balancearlas.

La universidad contemporánea: sus temas

Pero una política universitaria  define no sólo el gobierno de la universidad, sino sobre todo, qué modelo de universidad queremos, y en definitiva, qué somos y qué queremos ser. Hay diferentes ideas y modelos sobre qué debe ser una universidad, en particular una pública. Comparto en este terreno los planteamientos que ha hecho un grupo de académicos partidarios de la educación pública, AxEP,[3] "un grupo de profesore/as universitarios que comparten la idea de que el Estado debe proveer educación estatal de calidad, accesible para todos y todas, y que contribuya al desarrollo del país, al sentimiento de pertenencia e integración social."

Es un gran desafío cómo implementamos estas ideas en la Universidad de Chile, en un ambiente donde existen desafíos como la masificación de la educación superior; el rol del conocimiento en la sociedad contemporánea, en particular sus relaciones con la economía y con la sociedad; y la presión que aún ejerce hoy día sobre ella ese sistema global que pretende que el mercado y el mundo privado serían los protagonistas del desarrollo humano.

Quisiera terminar con unas palabras de Jacques Marcovitch, Rector de la Universidad de Sao Paulo: "No existe universidad perfecta. Grenoble, Harvard o Tsukuba son apenas parte de un sueño inacabado. Las variables para que alcancemos un modelo ideal se multiplican de tal forma que en ninguna parte podremos visualizarlo. [...] Tengamos en mente, con humildad, esta premisa [...] La universidad, principalmente en Brasil, nos exige una obstinada búsqueda de lo imposible".[4]

www.dcc.uchile.cl/cgutierr/

cgutierr@dcc.uchile.cl

 


[1]  http://ingenieria.uchile.cl/servicios-para-academicos/94823/elecciones-y-consultas

[2]  Eficiencia (RAE): Capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado.

[3]  www.axep.cl

[4]  J. Marcovitch, La universidad (im)posible, Cambridge, 2002.

 

Martes 8 de octubre de 2013

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