Punto limpio FCFM

Reciclaje: tres iniciativas desarrolladas hoy en la Universidad de Chile

Con el objetivo de concientizar e intentar disminuir el impacto humano en el medioambiente, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) decretó el 17 de mayo como el Día Internacional del Reciclaje, el que busca la adhesión a la famosa "Regla de las tres R": reducir, reutilizar y reciclar. 

En 2012, por medio de un decreto del Ministerio del Medio Ambiente, Chile declaró esta fecha como el Día Nacional del Reciclaje, pese a ello nuestro país solo logra reciclar el 1% de los residuos domiciliarios, estimándose que cada persona genera 1,19 kilos de residuos por día. 

¿Pero qué pasa en la Universidad de Chile? Hoy destacamos tres iniciativas de diferentes facultades, que poco a poco, buscan "responsabilizarse" por la huella que dejan en el planeta. 

ReBeauchef: Plan Integral de Gestión de Residuos

Desde el año 2016, este proyecto alberga toda la valorización de residuos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM), buscando la unificación de la prevención, la reutilización y el reciclaje. 

Como cuenta Pablo Garrido, ingeniero de proyectos de la Oficina de Ingeniería para la Sustentabilidad (OIS) de la FCFM, espacio de creación de esta iniciativa, ReBeauchef está dividido en "cinco grandes familias de residuos". La primera y más grande son los Residuos No Peligrosos, que contiene todo lo que se ve en un Punto Limpio “tradicional”, recolectando cerca del 35% del total del reciclaje.

La segunda de estas familias es E-Waste, reciclatón que se realiza una vez al año y que invita a toda la comunidad, tanto interna como externa a la Universidad, a traer sus equipos electrónicos en desuso, los que luego de una revisión y posterior reparación son donados a distintas instituciones educacionales a lo largo del país, gracias a un convenio de colaboración con la fundación Chilenter.

El tercero de estos cinco grupos mencionados es el de residuos orgánicos, el que se trabaja en el mismo territorio con los casinos y cafeterías, y que cuenta con el programa de capacitación domiciliaria triestamental, el que permite que las y los integrantes de la comunidad FCFM reciclen este tipo de materias en sus casas para luego traerlas a la facultad y ser llevadas al compostaje del Centro Educativo Ambiental de la Municipalidad de Santiago, ubicado en el Parque O´Higgins. 

Las últimas categorías están compuestas por los residuos peligrosos, los que se gestionan para que sean enviados a espacios de "disposición segura"; y la chatarra y otros tipos de insumos que no se pueden caracterizar dentro de los grupos anteriormente mencionados

Actualmente, ReBeauchef ha gestionado 140 toneladas de residuos. De éstas, el 96,2% han sido enviadas a reciclaje. Las 5,3 toneladas restantes, el 3,8%, han sido residuos peligrosos enviados a rellenos de seguridad. 

En 2016, cuando se puso en marcha el proyecto, se segregaron sólo 2,2 toneladas de residuos no peligrosos. En 2019 esta cifra creció a 23,2 toneladas, lo que habla de la importancia de estas iniciativas para la creación de una cultura sustentable: "Definitivamente ha existido un cambio en la mirada cultural de la facultad. Para mí, este crecimiento responde a dos cosas. La primera es la sensibilización que va adquiriendo la comunidad con estas grandes crisis que estamos viviendo en materia ambiental, y la segunda es que la infraestructura también educa. El poder caminar y ver un basurero de reciclaje, ver que tienes la opción de segregar tus residuos también va generando un cambio y va instalando el tema (...) Porque, además, tiene que ser parte de cada institución el hacerse cargo de los impactos que dejamos en el medioambiente", comenta Pablo Garrido. 

Galpón Sustentable Antumapu

"El galpón de los fardos". Así le llamaban a este espacio "casi abandonado" de cerca de 500 metros cuadrados que poco a poco ha comenzado a recuperar el Comité de Sustentabilidad Ecomapu, espacio triestamental que entre otras tareas busca levantar esta iniciativa de reciclaje al interior de Campus Sur. 

La profesora, Yasna Tapia, quien además es responsable del Acuerdo de Producción Limpia II por parte del Comité, cuenta que este espacio era una dependencia subutilizada que se arrendaba para guardar fardos de paja, y que además, a su alrededor, estaban almacenados de forma irregular diferentes tipos de residuos químicos, un contenedor con residuos orgánicos en su interior y un "sinfín de artículos en desuso sin ningún destino ni dueño". 

Pero el inicio de este proyecto comenzó con el trabajo que por años han realizado las y los estudiantes, quienes por medio de organizaciones como Ecomapu o Recicla Orgánico, levantaron diferentes actividades que contemplaban pequeñas acciones que poco a poco fueron impactando en la cultura territorial: limpiatones, campañas como el "Ecovaso", la introducción de estas prácticas en fiestas universitarias y el retiro de residuos orgánicos al interior del Campus fueron un impulso para la comunidad. "Tengo que reconocer que yo me inspiré por los alumnos, quienes con distintas iniciativas vinieron a reflejar lo que como imagen queríamos proyectar y que son las tres R: reciclar, reutilizar y reducir; entonces, de cierta forma, el Comité ha venido a profesionalizar y formalizar este tema", comenta la académica de la Facultad de Ciencias Agronómicas. 

Este proyecto, que debería ser inaugurado de manera oficial durante el año 2022, no sería posible sin la gestión triestamental y el respaldo formal de las autoridades, ya que como comenta Yasna Tapia, "el compromiso está, realmente, en la asignación de recursos. Para mí ahí está la gran diferencia. Alguien dirá que esto es solo gastar dinero, pero yo insisto en que este trabajo no es valorable en dinero, sino que es un sello, es un compromiso, un estilo de vida y una cultura que no tiene valor y que va a quedar en el tiempo, algo inherente a lo que nosotros enseñamos en la Facultad".

Programa de Reciclaje FEN

207 toneladas de material recolectado en 12 años. Este es el impacto que ha tenido esta iniciativa que forma parte de la Unidad de Servicios Generales e Infraestructura, y que se enmarca en el proyecto Campus Sustentable, certificación que la Facultad de Economía y Negocios (FEN) logró obtener en el año 2017, y que segrega distintos tipos de materiales: celulósicos (papel y cartón), plásticos, metales, vidrios y artículos electrónicos.

Pese a estas cifras, cambiar la cultura territorial no fue para nada fácil, porque como comenta José Quiroga, coordinador de la Unidad de Gestión Ambiental de Facultad, hace una década estas temáticas no estaban instaladas y tampoco eran prioritarias: "Cuando partimos, costaba mucho que las personas de la comunidad universitaria asumieran de que esta era la manera en que nosotros, como facultad, íbamos a tratar los residuos. Imagínate decirle a alguien, en el año 2010, que de ahora en adelante los papeles se van a juntar en tal lugar y convencerlo de que eso iba a ser un aporte para el medioambiente y, por tanto, era bueno hacerlo, era complicado y todo un desafío, pero el trabajo ha dado sus frutos". 

Pero ese no fue el único inconveniente, ya que también aparecieron ciertas dudas en la gestión de estos residuos y su destino final: "Costó bastante lidiar con todas estas creencias que dicen que las personas dejan su reciclaje en el lugar que corresponde pero que después al final se junta todo y todo se va a la basura, por lo que sacar ese estigma fue complejo, pero se ha logrado cambiar por medio de diferentes campañas de difusión, con certificados de trazabilidad abiertos y también con espacios de fidelización del reciclaje con alumnos y funcionarios".     

Para esto, la Facultad trabaja con distintos intermediarios que se encargan de la correcta distribución de los residuos, así como también con fundaciones que reutilizan y reacondicionan distintos artículos electrónicos, como Chilenter, Reutiliza, Recytech y Degraf.

Este programa de reciclaje también es parte de la campaña de buenas prácticas laborales de la Facultad de Economía y Negocios, la que impulsa acciones diarias “que fomentan la minimización de residuos, la eficiencia energética e hídrica, y cambios en los estilos de vida para aportar actitudes amigables con el medio ambiente y con la comunidad educativa”. 

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