Reciclaton

Acuerdo de Producción Limpia (APL):

FCFM se compromete con 116 acciones para ser más sustentables

Alrededor de mil vasos de café diarios se desechaban antes de la pandemia en la FCFM, los que pasaban a ser parte de las 155 toneladas de residuos que se tiran al año en la Facultad, según los últimos datos de la Oficina de Ingeniería para la Sustentabilidad (2019). 

De ellos, aproximadamente el 25% es reciclado o recibe un tratamiento especial a través del sistema integral de gestión de residuos ReBeauchef, como las latas. Mientras el resto –entre ellos los vasos de café– va en su gran mayoría a relleno sanitario, aunque el 34% tiene el potencial de ser reciclado.

Esta es una de las realidades que la Facultad se ha comprometido a cambiar, tanto a través de la iniciativa Beauchef Cambio Climático (BCC), como con la implementación del II Acuerdo de Producción Limpia (APL) en Educación Superior Sustentable, en el que participan 28 instituciones de educación superior, junto a los Ministerios del Medio Ambiente, Salud, Educación, Energía, y Ciencia y Tecnología, además de la Agencia de Sostenibilidad Energética y la Comisión Nacional de Acreditación. 

El acuerdo, que comenzó este año, compromete 116 acciones –a realizar en tres años–, y pretende lograr un campus más sustentable, poniendo énfasis en las áreas de gobernanza, academia, cultura, gestión de campus, vinculación con el medio y responsabilidad social.

“Suena raro producción limpia para universidades, como si fuéramos una fábrica, pero tiene que ver con cómo hacemos lo que hacemos, que es formar gente, generar conocimiento y vincularlo, y en eso hay ciertos criterios que te dicen cómo hacerlo más sustentable”, sostiene Reynaldo Cabezas, jefe de la Oficina de Ingeniería para la Sustentabilidad (OIS) de la FCFM.

Por ejemplo, en el área de gobernanza se busca generar políticas y programas estratégicos a largo plazo; en cultura, se trabajará para que toda la comunidad universitaria cambie un poco y sea más sustentable, para lo que se preparan programas de inducción para todos los estamentos, además de un programa de oficinas sustentables. En academia y docencia se incluye la creación de cursos y la formación de académicos/as, además de un fondo para investigación en sustentabilidad; mientras en vinculación con el medio y responsabilidad social se afianzará la relación con las instituciones públicas y el entorno al campus, además de trabajar temas de género, entre otros.

Pequeños y grandes cambios

Una de las áreas más grandes es gestión de campus, que incluye el trabajo en residuos, agua, energía, huella de carbono, transporte, compras y biodiversidad

En residuos, es necesario saber cuánto se genera, qué residuos son peligrosos, cuántos se pueden reciclar y cuánto se está reciclando. “Ya tenemos el diagnóstico, una base súper sólida de cuánto se está generando acá y cuánto se está reciclando, sin embargo, año tras año tenemos que hacer una pequeña actualización, en base a la generación de residuos. Ese es nuestro desafío este año, además de rectificar algunas cosas que tenemos que hacer con los laboratorios por los residuos peligrosos”, indica Pablo Garrido, ingeniero de proyecto de la OIS a cargo de la gestión de residuos

En energía hay que realizar una auditoría energética para saber cuánto se consume, dónde se usa y cómo podemos ser más eficientes. “Para eso tenemos que ir sala por sala, baño por baño, laboratorio por laboratorio, levantando todos los equipos que consumen energía, para hacer un análisis en base a potencia y tiempos de uso. Vamos a pasar por toda la Facultad recolectando esa información”, cuenta Cabezas.

Lo mismo en términos de agua, donde también se está experimentando con pasto sintético en un sector del campus, con el que se determinará si es eficiente implementarlo; y en biodiversidad, para lo que se censará las especies de la flora y fauna, con el fin de diagnosticar y crear planes para mantener o mejorar la biodiversidad en la Facultad. Porque no solo hay palomas, también llegan aves rapaces, como peucos, aguiluchos, tucúqueres y hasta el halcón peregrino.

Sobre huella de carbono, el último registro (2019) señala que generamos un total de 10.034 toneladas de CO2 equivalente, donde la emisión indirecta por consumo de energía es la más importante (46%), seguida por los viajes nacionales e internacionales de funcionarios/as y académicos/as por trabajo relacionado a la Facultad (26%) y el traslado diario de la comunidad desde sus casas a la FCFM (21%). 

“Tenemos que generar planes y ver qué acuerdos hacer, esa es la parte compleja. Hay cosas que sí podemos manejar nosotros, que son las emisiones directas: decir, por ejemplo, que todos nuestros vehículos van a ser eléctricos, lo que igual tiene huella, pero es menor, o reducir el consumo de electricidad, cambiar tecnologías y mejorar horas de uso. El tema de los viajes es una decisión de la Facultad, va a ser complejo, pero se pueden generar cuotas o comprar bonos de carbono. Es una decisión que se tomará cuando se tengan los diagnósticos”, dice el jefe de la OIS.

En cuanto al transporte, se realizará una encuesta que permita conocer las razones por las que se opta por uno y no por otro, de manera de identificar si es posible mejorar las condiciones para que más personas utilicen el transporte público y la bicicleta, por ejemplo.

Los cambios alcanzarán la también la gestión administrativa, con lo que las compras y licitaciones deberían comenzar a realizarse con criterios de sustentabilidad, ya sea eligiendo productos locales, eliminando los usos de plásticos de un solo uso o asegurándose de que la empresa que se adjudique una compra también considere aspectos sustentables.

Apoyo de toda la comunidad

La tarea de este año es, en general, realizar diagnósticos en todas las áreas, para luego generar planes y llegar a acuerdos, explica Cabezas. “El trabajo es más que estos tres años, es a largo plazo y nos va a ayudar a dar una nueva guía a lo que estábamos realizando. Poder conocer la experiencia de otras instituciones de educación superior es significativo, porque no es una competencia, ya que si lo hace solo una institución no vale la pena, tenemos que hacerlo todas y estamos apoyándonos para cumplir el objetivo. Tiene que ser un trabajo a largo plazo, lo que no significa que tenemos tiempo”, enfatiza.

“En materia de sustentabilidad hay muchísimo espacio para crecer y muchas medidas que tomar. Lo bueno es que el APL integra tanto a actores internos como externos, incluyendo los distintos estamentos. Hay un montón de trabajo que hacer en términos de capacitación, de prepararnos en cómo vemos el cambio climático, de cómo se va adaptando la docencia en términos de los conceptos que vamos a enseñar a los estudiantes, porque lógicamente el panorama ha cambiado muchísimo en estos 10 años”, agrega Garrido. “Se necesita mucho apoyo y empatía, estar abierto a cambiar ciertas cosas, desde actividades personales a curriculares”, subraya.

Para el primer APL, implementado entre 2013 y 2017, la FCFM logró el 100% de sus metas, un precedente para lo que se viene en los próximos años. “Cada uno/a puede aportar, cada uno/a tiene un impacto relacionado a temas de sustentabilidad. Les invitamos a participar del acuerdo, aportando con información o participando de las actividades, como oficinas sustentables o la Reciclatón”, dice Cabezas

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