El 16 de Agosto de 1906, dos terremotos con epicentro frente a las costas de Valparaíso destruyeron gran parte de la ciudad. Los daños se produjeron principalmente por el colapso de las estructuras débiles de adobe y albañilería de la época y por los masivos incendios. El daño provocado por el terremoto generó revuelo en la ingeniería estructural de la época. En el artículo “El terremoto de Valparaíso bajo su aspecto reconstructivo” de 1907, el ingeniero Hormidas Henríquez argumentaba que construcciones sobre suelos blandos tuvieron más daño que aquellas asentadas sobre roca, y que las construcciones de albañilería no reforzada no son resilientes: “puede decirse que el desastre de la albañilería ha sido completo, no quedando ladrillo sobre ladrillo”. El ingeniero Henríquez concluye: “La solución de este problema es una sola: el concreto armado” y que “es la construcción del porvenir”. Esta actitud de evaluación, identificación de lo que funciona y no funciona y la modificación de la cultura de la construcción es una de las características más importantes que ha contribuido a la disminución del daño sísmico y mejorar la resiliencia de las estructuras en Chile.
El daño provocado por el terremoto generó revuelo en la ingeniería estructural de la época.
Desde una perspectiva histórica, se puede observar un auge de la construcción en hormigón armado a partir de 1906, frente al declive continuo de las estructuras de adobe y albañilería no reforzada a pesar del exponencial aumento de viviendas. Esta transición comenzó a consolidarse mediante las recomendaciones del Estado de Chile y la introducción de disposiciones de diseño sísmico durante la década de 1930, y quedó especialmente en evidencia tras el terremoto de 1939. En el Informe de la comisión gubernativa sobre los efectos producidos por el Terremoto de Enero 1939, la comisión clasificó en la ordenanza como de “Clase A” los edificios construidos totalmente de hormigón armado con estructura celular, es decir, estructurados con muros, señalando que “este tipo de construcción tiene gran rigidez y resistencia”. Sin embargo, también advierte que la elevada rigidez de este sistema produce importantes empujes horizontales y que deben evitarse grandes vanos o el exceso de aberturas, porque pueden hacer que los muros se comporten como pilares flexibles.
Esto llevó a que desde los años 1940 gran parte de los edificios de hormigón armado de más de 5 pisos en Chile tengan una gran cantidad de muros por metro cuadrado. Más que, por ejemplo, en zonas altamente sísmicas de otros países sísmicos. Esta característica le entrega una gran rigidez y resistencia a nuestras estructuras, cualidades a las que se le atribuyó el buen desempeño general frente a los terremotos de 1960, el de mayor magnitud medida, y 1985. Estos resultados contribuyeron a validar en Chile el sistema estructural de muros, a pesar de que algunos presentaron daños. La situación fue similar en el terremoto del 2010, con un edificio Chileno, como ahora se le conoce a nuestro singular sistema sismorresistente, más madurado y con un portafolio más amplio de edificios en altura. A la luz de los daños de estos terremotos, la comunidad de ingenieros se dio cuenta de que no solo era necesario tener mucha estructura o ejes resistentes, si no que también debíamos prestar atención a los detalles para impedir daños importantes que, aunque no produzcan colapso, permiten lograr una respuesta más resiliente.
...no solo era necesario tener mucha estructura o ejes resistentes, si no que también debíamos prestar atención a los detalles para impedir daños importantes que, aunque no produzcan colapso, permiten lograr una respuesta más resiliente.
Así, con el propósito de continuar reduciendo los daños, hace un par de semanas concluyó el trabajo del comité encargado de actualizar la norma de diseño y cálculo de estructuras de hormigón armado, NCh430, que se suma a la reciente actualización de la norma de diseño sísmico de estructuras, NCh433. Estas actualizaciones contribuyen a incorporar más de 15 años de conocimiento desde el terremoto del 27F y dar continuidad al proceso permanente de mejora del diseño, pero mantiene las buenas prácticas que han permitido el buen comportamiento de los edificios chilenos en sismos pasados.

