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Columna de opinión

De los miedos a la inteligencia artificial

De los miedos a la inteligencia artificial

Un sistema de inteligencia artificial (IA) es aquel capaz de realizar tareas que, para un humano, requerirían pensar. Recientemente, algunos superan la capacidad humana en tareas como jugar ajedrez, identificar objetos en una imagen o predecir la estructura de una proteína. Tal como una calculadora suma y multiplica mejor que nosotros.

La IA es una “tecnología habilitante” y está enraizada en nuestro estilo de vida: sistemas de recomendación en redes sociales, diagnósticos médicos y manejo de inversiones basados en IA son parte de nuestro día a día. Si bien sus ventajas son innegables, existen miedos respecto a su adopción, principalmente debido a su desconocimiento y uso desinformado.

“Las máquinas nos van a reemplazar” es una expresión que escuchamos a menudo. Desde la definición de IA se desprende un corolario que dice que las máquinas pueden hacer nuestro trabajo. Entonces, si lo hacen a un menor costo, ¿qué trabajo realizaremos nosotros? Aunque todas las revoluciones industriales alteran la demanda por especialistas, dada la velocidad a la que se desarrolla la IA no es descabellado temer que nuestra expertiz será innecesaria de la noche a la mañana.

Pero la obsolescencia del trabajo no es consecuencia exclusiva de la IA, sino que de las tecnologías digitales en general y de la automatización en particular. En las áreas tecnológicas, los profesionales cambian de lugar de trabajo frecuentemente y necesitan perfeccionarse periódicamente. Es necesario instalar esta nueva perspectiva al trabajo como sociedad, entendiendo la necesidad de una temprana alfabetización tecnológica y perfeccionamiento continuo para habilitar a los trabajadores para convivir con la IA.

Sistemas de IA están siendo implementados más rápido que cualquier forma de regulación y, a veces, sin garantías de que se comportarán alineados con el criterio humano en casos reales. La consecuencia de esto va desde el uso malicioso de dicha tecnología (ejemplo, deep fakes) hasta fallas operativas en entornos reales, como ocurrió en un fatal accidente producido por un vehículo autónomo de Uber en 2018.

Una tecnología es más factible de ser adoptada en la medida que sea fácil de usar, como los modelos de lenguaje de gran tamaño usados por una innumerable cantidad de personas diariamente: ChatGPT, por ejemplo. Sin ir más lejos, el abogado neoyorkino Steven A. Schwartz usó la aplicación para preparar la defensa de un caso solo para descubrir —frente al juez— que los casos proporcionados por esta IA no eran verídicos. Disponibilizar estas herramientas es problemático y se corre el riesgo de un uso desinformado; una vez más, un problema que no es exclusivo de la IA.

Varios estudios confirman que la pandemia del COVID-19 aceleró la adopción de tecnologías digitales considerablemente. Si bien muchos elementos positivos permanecen, la nueva normalidad caracterizada por el aislamiento e individualismo ha causado un efecto en nuestra salud mental, lo cual, sumado a la antropomorfización de los sistemas de IA, se ha vuelto particularmente peligroso.

Los sistemas de interacción social humano-máquina han existido desde hace años (ver la asistente ELIZA de 1966). Sin embargo, con lo realista que se han vuelto estos sistemas es necesario tener particular cuidado con su despliegue dado el incremento de los riesgos asociados a la salud mental. Chatbots y “novios/as virtuales” pueden llegar a ser tremendamente peligrosos al potenciar problemas de salud mental, como el caso de un padre y esposo belga, que luego de conversar seis semanas con un chatbot (también llamado Eliza) entró en un espiral de pesimismo y depresión en el que terminó quitándose la vida.

El miedo a una nueva tecnología es natural, en la revolución industrial se temía que las máquinas reemplazaran a los trabajadores, pero hoy sería imposible concebir la vida sin algunas de ellas, partiendo por el computador o el teléfono. La IA es poderosa, pero para aprovecharla y convivir con ella es necesario entenderla en cuanto herramienta. El dominio técnico de la IA es necesario para enfrentar los miedos generados por ella y abrazar esta cuarta revolución industrial preparados, es decir, educados.

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