A veces, una idea nacida desde una inquietud personal necesita solo una oportunidad para transformarse en un proyecto real. En los últimos años, distintas convocatorias han permitido que jóvenes líderes impulsen proyectos que beneficien a sus comunidades. En este marco, Rosangel Arispe propone The Future Lab. Una iniciativa que trabajó con otros dos jóvenes para postular a un capital semilla.
Tras obtener el primer lugar en esa convocatoria internacional, se pudo implementar el proyecto en distintos establecimientos educacionales y consolidar una experiencia formativa a nivel nacional. La implementación del proyecto fue liderada por Arispe y en su desarrollo participaron integrantes de la FCFM —Fernando Rojas, Gabriel Marcos, Vicente Oyarce y Martín Meneces— junto a colaboradores externos como Pablo Rojas, Iván Naidenoff, Bastián Villalobos y Mc Douglas García, quienes contribuyeron al diseño e implementación de la iniciativa en distintos establecimientos educacionales.
Una respuesta a la desigualdad vocacional
La motivación detrás del proyecto surge a partir de una realidad ampliamente extendida en Chile. En muchos liceos de contextos vulnerables, el entorno sociocultural instala estigmas que dificultan que las y los estudiantes se proyecten a futuro, lo que desincentiva la exploración vocacional y contribuye a decisiones académicas desinformadas, deserción universitaria y frustración personal. “Es muy común que al salir de cuarto medio no sepamos qué hacer con nuestro futuro. Fue exactamente lo que me pasó a mí”, explica Rosangel.
The Future Lab se diseñó como una respuesta a estas brechas. A través de una metodología que combina charlas inspiracionales, dinámicas participativas y aprendizaje experiencial, el proyecto busca que las y los estudiantes se reconozcan como protagonistas de su futuro, fortaleciendo su autoconfianza, habilidades blandas y capacidad de toma de decisiones.
¿Qué propone The Future Lab?
La propuesta se estructuró en dos fases complementarias:
Fase 1: Inspirar y abrir horizontes
Durante esta etapa, el equipo del proyecto visitó liceos de contextos vulnerables, alcanzando a 404 estudiantes. Las jornadas incluyeron charlas inspiracionales orientadas a compartir experiencias reales y cercanas, promoviendo la reflexión sobre el futuro y las oportunidades disponibles, generando espacios de diálogo y proyección personal.
Fase 2: Aprender haciendo
La segunda fase benefició a 30 estudiantes y se desarrolló en una jornada presencial en la FCFM enfocada en el fortalecimiento de habilidades blandas mediante el aprendizaje basado en el juego. Se implementó un Escape Room educativo, diseñado y facilitado por EasyJobs, que permitió trabajar la colaboración, comunicación y resolución de problemas.
En esta etapa también fue clave el apoyo de Cohetería Beauchef y de la consultora ZerviZ, que aportaron con referentes y experiencias concretas, ampliando el imaginario de posibilidades para las y los participantes.
Persistir para generar impacto
El desarrollo del proyecto no estuvo exento de dificultades. “Al inicio sonaba muy factible poder llegar a más de 400 personas y verdaderamente inspirarlas, pero en el camino gran parte del equipo se fue, no logramos concretar con algunos liceos y se nos estaba agotando el tiempo”, recuerda Rosangel.
Frente a ese escenario, la perseverancia fue clave. La estudiante destaca el apoyo recibido desde distintas áreas de la FCFM, como OpenBeauchef, IDIA y Difusión con Colegios, que resultaron fundamentales para sacar adelante la iniciativa. “Cuando no sabía cómo seguir, buscaba ayuda; si no resultaba un plan, armaba un plan B o C”, señala.
Finalmente, The Future Lab logró cumplir y superar su objetivo, alcanzando a 423 estudiantes y consolidándose como una experiencia de alto impacto social desde Vinculación con el Medio: “Logramos conectar con ellos e inspirarlos, aunque sea un poco, para que busquen oportunidades y tomen el control de su futuro”, afirma Rosangel.
Para la estudiante, el aprendizaje central es claro:
“Los secretos para poder hacer un cambio son atreverse y persistir. Al inicio de este proyecto no todo salió bien, pero seguí y busqué apoyo porque veía el potencial en la idea. De repente un equipo motivado se conectó con la iniciativa y gracias a eso pudimos inspirar a cientos de estudiantes (...) Por eso, si tienen una idea y ganas de hacer un cambio, atrévanse a dar el primer paso. Eso es todo lo que se necesita, porque lo demás se aprende en el camino”.
Para cerrar, Rosangel destaca el apoyo recibido a lo largo del proceso: “Gracias a las personas de la facultad que creyeron en la idea y nos dieron su apoyo y mentoría. Y muchas gracias al tremendo equipo que hizo posible que lo que antes era solamente una visión, se hiciera realidad. Y también gracias a quienes, desde distintas organizaciones e iniciativas, abren oportunidades para que jóvenes puedan transformar ideas en proyectos con impacto real”.
Desde la FCFM, agradecemos con orgullo a Rosangel Arispe y a su equipo por impulsar The Future Lab y por poner su experiencia, liderazgo y compromiso social al servicio de las juventudes. Asimismo, recogemos la invitación de Arispe a atreverse impulsar sus ideas para hacer impacto real, porque para generar un cambio, lo más importante es dar el primer paso.

