El silencio habitual de las vacaciones de verano en el Campus Saucache fue reemplazado por la energía de más de 200 niños, niñas y jóvenes, quienes optaron por profundizar sus conocimientos durante el desarrollo de la Escuela de Verano Indígena Arica 2026. El hito, fruto de una alianza estratégica entre la Universidad de Chile y la Universidad de Tarapacá, comenzó con una tradicional ceremonia de Pawa y concluyó con una certificación masiva, consolidando el vínculo entre la academia y la comunidad regional como un eje fundamental del desarrollo integral de Arica y Parinacota.

El despliegue temático fue tan diverso como la curiosidad de las y los asistentes, desde la precisión de la física nuclear y la mecánica computacional, hasta el estudio de asteroides, la biotecnología y la automatización de máquinas inteligentes. Estos 18 espacios de aprendizaje rompieron con la estructura escolar tradicional, organizándose en tres niveles específicos, 7mo a 8vo básico, 1ero a 2do medio, y 3ero a 4to medio, para asegurar que cada estudiante pudiera sumergirse en la ejecución técnica de acuerdo a su etapa formativa. De esta manera, la explanada del Departamento de Física y Matemáticas y el Aulario C se transformaron en espacios de experimentación avanzada, donde el prestigio de las y los profesores especialistas de la Universidad de Chile, la Universidad de Tarapacá y el Instituto de Alta Investigación (IAI) de la UTA, guió cada nuevo hallazgo mediante una metodología que priorizó la aplicación práctica de los contenidos teóricos.

La iniciativa arrancó con una ceremonia inaugural que congregó a autoridades regionales y universitarias, marcando el tono de lo que sería un despliegue logístico y académico sin precedentes para la zona. Si bien la orientación vocacional fue un componente importante, el propósito central fue generar un espacio de intercambio intercultural y vinculación efectiva, donde la Universidad abre sus aulas y laboratorios para que las y los estudiantes de la región se apropien del conocimiento científico, tecnológico, social y patrimonial en su propio entorno.
Esta es la cuarta versión de la Escuela de Verano Indígena, la cual ya se había desarrollado durante tres años consecutivos en la Región de la Araucanía, en coordinación con las universidades públicas de ese territorio junto a la Subdirección de Pueblos Originarios de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile.
“La participación de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas en la Escuela de Verano Indígena da cuenta del rol que asumimos como universidad pública: contribuir al acceso temprano al conocimiento científico y tecnológico, fortaleciendo la vinculación territorial y el diálogo intercultural. Estas iniciativas permiten acercar la educación superior a las y los jóvenes desde sus propios contextos, promoviendo vocaciones y ampliando oportunidades formativas, en coherencia con una visión de desarrollo académico con sentido público y regional”, indicó el decano de la FCFM, Francisco Martínez, quien estuvo en la ceremonia de apertura de la Escuela.

En tanto, el vicerrector de Administración y Finanzas de la UTA, Jorge Bernal Peralta, subrayó el valor de esta instancia. "Esta iniciativa se alinea perfectamente con nuestros lineamientos estratégicos y nuestra proyección como universidad regional. El vínculo que hemos consolidado con la Universidad de Chile nos permite impulsar un desarrollo profundamente asociado a nuestro suelo originario. En esta escuela no solo entregamos saberes desde la educación superior, sino que recibimos con respeto la cultura y el patrimonio de nuestros pueblos indígenas; ese intercambio es precioso y es lo que realmente permite construir una mejor sociedad y una región más integrada", afirmó el directivo.
Los aprendizajes de todas y todos
Franshesca, estudiante de 4to medio, relató su experiencia transitando por los talleres de psicología y ludomotricidad. "Primero hice psicología (...) y me pareció bien llamativo porque nos mostraron parte del cerebro, el lado en que trabajaba cada cosa, como el lenguaje o la memoria. Aprendimos que si uno tiene un problema, eso se puede ir trabajando; no se va a quedar ahí, sino que (las neuronas) empiezan a conectarse en otro lado. También estuve en el taller de motricidad, donde mediante juegos uno activa el cerebro para estar más concentrado (...) No tenía idea de muchas de estas cosas y sí, me inscribiría a otra instancia", relató.
Parte importante de esta Escuela de Verano Indígena también radicó en el compromiso de las familias, quienes acompañaron el proceso entendiendo que estas experiencias son fundamentales para proyectar el futuro universitario y fortalecer la identidad local. Al respecto, Soledad Musaja, apoderada de uno de los alumnos participantes, destacó el valor cultural de este encuentro educativo.

"Esta es una iniciativa muy buena para que nuestros hijos reconozcan su cultura. Ese sentido de pertenencia es muy importante para ellos y es necesario que haya más instancias como esta, para que crezcan conociendo su identidad", dijo.
Este despliegue pedagógico fue valorado positivamente también por las y los docentes, quienes destacaron la curiosidad de quienes participaron. Julio Álvarez Castillo, académico de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Tarapacá, fue el encargado de liderar el taller "Cuidemos nuestra columna".
Al respecto, el profesional valoró el entusiasmo de los participantes por vincular la academia con su vida cotidiana. "Tuvimos la oportunidad de trabajar con los chicos en un taller sobre el cuidado de la espalda y me voy con un sabor muy agradable; estaban muy dispuestos a entender y comprender. Desarrollamos una parte teórica dinámica y una práctica que los dejó muy motivados, al punto que muchos preguntaban por la carrera para seguir trabajando en esta área. Me voy feliz de aportar este granito de arena para que ellos entiendan cómo funciona su columna y puedan educar a sus familias. Espero que estas actividades se mantengan; es enriquecedor entregar estos conocimientos donde la ciencia y la cultura nos potencian a todos".

Asimismo, lla académica del Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB) del Departamento de Ingeniería Química, Biotecnología y Materiales de la FCFM, María Elena Lienqueo, comentó que “la experiencia del curso ‘Química y Biotecnología en tus manos’ buscó acercar la ciencia desde la experimentación directa, poniendo en valor el aprendizaje activo y el conocimiento situado. Cuando niñas, niños y jóvenes pueden explorar la química y la biotecnología desde su propio entorno, se fortalece no solo la curiosidad científica, reafirmando cuáles son sus interés para su futuro, sino que también la confianza en sus capacidades y disfrutan lo que les atrae, pero también ven algunas de las problemáticas de lo experimental y cómo se superan". La también directora de Diversidad y Género de la Facultad agregó que "instancias como esta son fundamentales para avanzar hacia una educación más inclusiva, donde la diversidad de trayectorias y contextos sea reconocida como un aporte al quehacer académico”.
Al finalizar la Escuela de Verano Indígena Arica 2026, cada estudiante recibió su certificado de participación, un reconocimiento que simboliza el primer paso formal en su trayectoria académica. Con este hito, ambas universidades cierran un proceso de gestión de largo aliento que posiciona a la vinculación con el medio como el eje articulador del desarrollo regional y el semillero de los profesionales del mañana.


