Tierra
Martin Reich

Columna de opinión

Las Ciencias de la Tierra como factor crítico para los desafíos del siglo XXI

El siglo XX fue la era en la que la humanidad aprendió a viajar por el aire, explorar el espacio y desarrollar tecnologías asombrosas en los ámbitos de la energía, la salud y las comunicaciones. El avión, los cohetes y las sondas interplanetarias; la electrónica, la energía atómica, los antibióticos, los insecticidas, el internet y un sinfín de nuevos materiales, han generado un progreso inigualable en la historia de la humanidad, abriendo grandes posibilidades, pero también amenazas y peligros.

Con una población humana en crecimiento, una demanda en aumento por recursos naturales, las fundadas preocupaciones sobre la seguridad alimentaria y un escenario de cambio climático acelerado, es fundamental integrar más plenamente las observaciones de nuestro planeta, para así mejorar nuestra comprensión del sistema Tierra e implementar acciones que permitan sustentar un desarrollo armónico para el siglo XXI.

La Tierra, como sistema interconectado de partes, incluye vínculos complejos entre la litósfera —capa externa y rígida—; la hidrósfera y atmósfera —capas externas líquida y gaseosa, respectivamente—, y la biósfera —envoltura “viva”, que incluye todos los ecosistemas—. Los recursos naturales de los que dependemos se derivan de dichas capas, por lo que nuestro presente y futuro dependen del uso responsable y sostenible de los minerales, la energía, el agua y el suelo, y también del cuidado de recursos ecológicos como bosques, sistemas costeros y océanos. Además, y al estar intrínsecamente interconectados, estamos expuestos a amenazas y peligros geológicos asociados, tales como terremotos, erupciones volcánicas, remociones en masas, inundaciones y eventos climáticos extremos.

Es por estas razones que las Ciencias de la Tierra o geociencias jugarán un papel cada vez más importante en la comprensión de nuestro planeta durante el siglo XXI y la construcción de un camino hacia una humanidad sostenible. Quizás su mayor desafío, al que estamos convocados a aportar todos quienes dedicamos nuestra labor a las geociencias, es garantizar un suministro de recursos minerales y energía fiables, en un mundo que —aunque cuenta con cada vez más consciencia de sus líderes y habitantes respecto a la necesidad de reducir el consumo de los combustibles fósiles— aún es carbono dependiente.

Chile es un laboratorio natural de clase mundial para investigar, desarrollar e implementar muchos de los aspectos y desafíos destacados anteriormente. Nuestro país abarca una de las provincias volcano-termales más extensas a nivel global y contiene más del 20% de las reservas mundiales de cobre, además de otros metales estratégicos tales como el litio. Estos son cruciales en el desarrollo de tecnologías actuales y emergentes para la electromovilidad y transición energética, y por ende, necesarios para cumplir con el objetivo de ser un país 100% carbono neutral para 2050. Los recursos minerales, y también energéticos, como la geotermia o calor de la Tierra, son estratégicos para Chile y el mundo, y su desarrollo dependerá fuertemente de una gestión innovadora y sostenible de los georecursos.

Estas metas no podrán ser cumplidas sin invertir de manera creciente y sostenida en ciencia básica y aplicada. Nuestra inversión en ciencia y tecnología es de alrededor de un 0.3%, en relación con el PIB. Un número muy inferior al promedio de los países de la OCDE, que llega a un índice del orden de 2.3%.

Un incremento nacional en el financiamiento de la ciencia impactaría directamente, no solo en el conocimiento derivado del estudio de los recursos minerales, energéticos e hídricos, así como en la formación de nuevos profesionales en el área, sino que también permitiría diversificar el portafolio de proyectos y apuntar a la transdisiciplina.

Los problemas complejos requieren soluciones innovadoras y multidisciplinarias. Para ello, el financiamiento de largo plazo es fundamental, promoviendo y fortaleciendo además alianzas público-privadas enfocadas en aportar al desarrollo de la exploración, producción y consumo sostenible de recursos minerales y energéticos, a través del avance científico-tecnológico.

Las inversiones estratégicas en Ciencias de la Tierra son esenciales para integrar la comprensión científica de nuestro territorio a políticas públicas eficaces, proporcionando la información científica fundamental y fomentando la formación de capital humano avanzado necesario para satisfacer la demanda de recursos naturales y cuidado del medio ambiente. En un contexto de crecimiento de la población mundial, mitigar el riesgo y aumentar la resiliencia frente a estos desafíos del siglo XXI se hace imprescindible. Chile, sin duda, jugará un papel relevante a nivel mundial para lograrlo, y las geociencias son nuestro mejor aliado.

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